Los interferones actúan contra las
infecciones víricas a través de su
estimulación del sistema inmune y por tanto es
previsible su escasa eficacia en los pacientes
que han desarrollado una tolerancia inmunológica
al virus debido a un contacto en la época
perinatal y en los pacientes inmunosuprimidos
como consecuencia de alguna otra enfermedad
(síndrome de inmunodeficiencia adquirida) o del
tratamiento inmunosupresor. Así mismo pueden
facilitar el desencadenamiento de trastornos
autoinmunes latentes o la aparición de mutantes
del virus.